Hace unos días, mientras descansaba entre sets de mi rutina de pesas, vi que un pájaro viajaba de un lado de una barda de madera, ya acabada, al otro.
Aprendí tanto en ese momento… En cada hoyo que existía, el pájaro se asomaba. En cada discontinuación del cerco, el pájaro veía cuidadosamente primero, antes de avanzar. Algo tan sencillo para nosotros el caminar de un lado al otro era cuestión de vida o muerte para él.
Tiene que asegurarse que no existe un predador o trampa que lo espera. Y nunca avanzaba sin primero ver, CUIDADOSAMENTE, qué es lo que había (o qué es lo que no había) escondido.
Lo que Aprendí
En la vida debemos ser un poco más cuidadosos. Cada decisión la debemos de analizar con mucho cuidado. Debemos cuidar a quienes aceptamos como amigos, y mucho más a quienes aceptamos amar. Estas decisiones pueden llevarnos a una muerte (física o espiritual) si no las hacemos correctamente.
Primeramente, define tus metas. Ya definido tu destino (el pájaro primero tuvo que saber que quería cruzar ese cerco y no volar para hacerlo) toma decisiones que te ayudaran a obtener tu objetivo. Analiza cada situación bien e identifica que ruta tomar. Hazte amigo/a de quienes te ayudarán a lograr tus metas. Los amigos/as influyen en cada uno de nosotros, aceptes esta realidad o no. Es mejor encontrar amigos/as que saben bien qué quieres porque habrá dudas en ti algunas veces y en ellos tendrás que depender para no desviarte. Un amigo falso y convenenciero te dirá cosas que quieres escuchar y no necesariamente las que debes escuchar. Te dirá que tomes el camino más fácil. Y finalmente, ten cuidado con quien aceptas amar. Si no tiene definida la misma meta que tú… Jamas funcionará. En el amor, se unen dos como si fueran uno. Es imposible para ti ir en una dirección, persiguiendo una meta, y tener a tu amante viajando por otra dirección. Uno siempre jalará al otro y a finales de cuentas ninguna terminará en donde quería.